miércoles, 21 de agosto de 2013

Más que una estadística, la violencia de género en Bolivia

Published by Unknown on miércoles, 21 de agosto de 2013  | No comments

“Susana” tiene la voz y las manos trémulas cuando me cuenta lo que ha vivido durante los 7 años. Los ojos se llenan de temor cuando recuerda el martirio físico y psicológico que la han llevado a buscar ayuda en la Federación de Mujeres de El Alto.

Sus negros cabellos largos y su frágil cuerpo se esconden en un abrigo que se confunde con su pelo. La capucha que cubre su cabeza y rostro apenas revelan su identidad. “Susana” es una mujer que vive con miedo, pero que ha decidió a hacer algo para cambiar su vida.

Tanto así me ha amedrentado que he olvidado mis derechos” dice esta mujer de 30 años, ante la mirada de su abogado y una compañera de la Federación que la entiende y asiente a cada frase. “Como policía sé que tengo derechos, pero su palabra era ley”. La Ley era impuesta por el  subteniente Willy Winto Mita Poma, detenido en la cárcel de San Pedro, pero que a pesar de ello sigue enviándole mensajes de texto amenazadores y haciéndole llamadas por celular para prometerle venganza.

Con la mirada asustada, el cuerpo magullado, el alma herida “Susana” me cuenta que la hizo decir basta. “En Enero  mi esposo me volvió a golpear y no perdí a mi bebé” dice entre sollozos mientras sostiene en sus manos una fotografía del infante de 5 meses que jamás verá la luz. “Pero ahora han sido tan tremendos sus golpes, una patada directa aquí en mi estómago, que eso hizo con que salga el líquido amniótico y no había forma de salvar a mi bebé. A mí nadie me había pegado y yo me he sentido muy mal, me quería morir”.

A cada dos días una mujer boliviana es víctima de feminicidio, según datos que maneja el Fondo de Población de las Naciones Unidas. Un crimen que es el final previsto en los casos más extremos de esa legión de mujeres abusadas por sus padres, esposo, concubinos, hermanos, parientes, incluso hijos, que hacen de Bolivia el país más violento de la región y el segundo en agresiones sexuales después de la caótica Haití.

Para no acabar como una estadística más del feminicidio “Susana” ha dado un paso definitivo: acudir a la ayuda legal que le provee la Federación de Mujeres que ha apropiado de su causa y busca protegerla, nos sólo sacándola de ese entorno de gritos, pellizcos, puñetes y golpes, sino asistiendo en grupo a las audiencias por el juicio por agresiones físicas y psicológicas que el abogado de la institución acaba de iniciar en los estrados judiciales. La barra brava de “Susana” espera evitar que las amenazas que sigue recibiendo se cumplan. Es una acción de hermanas que saben lo importante que es demostrar apoyo a las valientes que deciden acabar con este círculo de lágrimas y dolor en sus vidas.

Buscar ayuda no ha sido fácil. Para que “Susana” tome la decisión de escapar de otra estadística nefasta – 7 de cada 10 mujeres en Bolivia son víctimas de algún tipo de violencia según del Defensor del Pueblo – ha tenido no sólo que reunir valor para alejarse de su hogar con su pequeño hijo de año y medio, sino también mirar de frente a los que hablan de ella la Policía Boliviana y el entorno de su esposo. “Cada vez eran los golpes más y más tremendos. Él me decía: ¿Qué clase de mujer me puede denunciar? no me quieres, por eso me has denunciado. La mujer que realmente quiere a su esposo no hace esas cosas. No me haría ese daño”.

4 denuncias por maltrato. 3 abortos forzados a patadas en las madrugada frías de las calles de Villa Fátima, la ilusión de un hogar feliz destruida han sido el límite para que la frágil “Susana” tenga el valor de cambiar un destino seguro que habría acabado con su vida a pesar de lo que vecinas y amigas piensa. “Me decían que si quería conservar mi matrimonio debería ser ciega, sorda y muda, como es posible que el haga quedar mal a mi esposo que es oficial (de policía)”.

“Susana” es aún una excepción. De 450.000 casos de violencia denunciados, sólo 27.000 ingresaron a las instancias judiciales y únicamente 96 casos tuvieron una sentencia condenatoria entre los años 2007 a 2011. A pesar de ello ella ha decidido pedir ayuda, una decisión que puede haya salvado su existencia y la de su hijo decididos a cambiar una cárcel por un hogar.

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